viernes, 1 de agosto de 2014

Aprendizaje


Collage. Boli bic, acuarela y trozos de papel de regalo

Y esa noche soñó que era un niño. Iba caminando por un pueblo en el que todo el mundo se conocía, donde las puertas se dejaban abiertas con confianza y las ventanas estaban llenas de flores. Al pasar por un árbol algo le llamó la atención. Semiescondido debajo del árbol se encontraba un cofre, era un cofre precioso. El niño lo cogió y lo abrió con curiosidad, y lo que vio le encantó. Dentro había colores, magia, luz, una especie de energía preciosa, pero el niño no comprendía que era eso que contenía el cofre, por lo que regresó a su casa y le preguntó a su madre.
-No hay nada hijito-. Le respondió. El niño volvió a mirar en el interior del cofre y la energía seguía allí, miró extrañado a su madre pero ella afirmó que no había nada. El niño no se dio por vencido y preguntó a distintas personas del pueblo; a sus profesores, al cura, a madres, padres y enamorados, pero siempre recibía la misma respuesta negativa. En el cofre no había nada. ¡Pero si había algo!
Volvió a su casa y allí estaba su padre. Su padre era muy inteligente y lo sabía todo, seguro que él le daría una explicación del contenido del cofre. Sin embargo su padre le contestó que ese cofre estaba vacío y que aunque estaba bien que tuviera imaginación, habría un momento en que tendría que madurar y ver las cosas tal cual eran, y así podría hacerse mayor. El niño como cualquier niño estaba deseando hacerse mayor, y al volver a mirar el cofre se dio cuenta de que no había nada.
-¡He conseguido madurar papá!¡Ya no veo nada, tenías razón!- Exclamó muy contento. Pero en realidad no estaba nada contento, una sensación opresiva empujaba su pecho y su garganta. El niño no lo sabía, pero había perdido la capacidad de ver y sentir la chispa emocionante que da color a la vida.

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